REDISEÑAR: LA FORMA EN QUE HACEMOS LAS COSAS

REVISTA 35 – ENERO 2016

No hay ninguna duda de que para asegurar nuestra calidad de vida y el bienestar humano a largo plazo, tenemos que preservar el ambiente.

En la economía del crecimiento rápido existe un pensamiento dominante que relaciona directamente crecimiento económico (más producción, más consumo) con desarrollo. En este modelo económico lineal, extraer-producir-consumir-desechar, se producen ingentes cantidades de residuos que no son aprovechados. Al tiempo, asistimos a una intensa competencia por los recursos que nos lleva irremediablemente al suicidio por el agotamiento de los ecosistemas.

No hay ninguna duda de que para asegurar nuestra calidad de vida y el bienestar humano a largo plazo, tenemos que preservar el ambiente. Para ello es necesario cambiar el actual modelo económico lineal, el cual se basa en disponer de una gran cantidad de recursos y de energía de fácil acceso, por un modelo  que desarrolle sistemas de economía circular donde los recursos fluyan de manera indefinida y no se produzcan residuos.

La economía circular parte de un principio biológico: en la naturaleza, los ciclos de materia son circulares. Así, los residuos de un organismo se convierten en un valioso recurso para otras especies. Si pensamos en profundidad sobre este hecho, nos encontramos con un amplio espectro de posibilidades para rediseñar la forma en que hacemos las cosas.

El químico Michael Braungart y el arquitecto William McDonough pensaron en profundidad este tema y en 2002  publican el libro De la cuna a la cuna. Rediseñando la forma en que hacemos las cosas (en inglés: Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things). En él se dan los fundamentos de un sistema circular aplicado al diseño y la producción, su consigna guía es que todos los residuos deben volver a la tierra como alimento.

El concepto de economía circular se centra en la necesidad de reducir la pérdida de material y los residuos generados durante la producción y el consumo. Para ello es necesario abordar todo el sistema de recursos: el uso de materiales existentes reutilizados, reciclados o valorizados; el diseño de productos duraderos y reparables; nuevos modelos de negocio que adopten enfoques de consumo colaborativo basados en el arrendamiento, los sistemas producto-servicio y los acuerdos de colaboración; y patrones de demanda influenciados por el decrecimiento. La economía circular pretende reducir la demanda de recursos vírgenes, mitigando así el consumo de energía y los impactos ambientales correspondientes.

La economía circular divide los componentes de los productos en dos grupos: nutrientes biológicos y nutrientes técnicos.

Los nutrientes biológicos son biodegradables y son alimento de la bio-esfera después que su valor de uso ya no sea rentable.

Los nutrientes técnicos son los componentes tecnológicos poco aptos para los seres vivos y, por ello, son reutilizados una y otra vez sin entrar en la naturaleza. Estos componentes son el alimento de la tecno-esfera y son diseñados para ser ensamblados y desmontados un gran número de veces, favoreciendo la reutilización de materiales y el ahorro de energía.

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